Sera sánchez prendiendo mi filamento de wolframio.
Admito que rara vez leo en el transporte público porque prefiero ensimismarme con el paisaje urbano que me ofrece el ventanal, observando desde el interior el ajetreo externo, el ir y venir de los transeúntes, las cálidas caferías, los escaparates iluminados, las calles abarrotadas. Casi nunca llevo un libro de lectura cuando me muevo por la ciudad, así que coincide que no me gusta leer en mis desplazamientos y que no llevo la herramienta. Si tengo intención de leer fuera de cuatro paredes suelo hacerlo en algún rincón mágico de un parque o en algún banco estratégico de una avenida, bajo los dedos de un sol de frío.
Sin embargo, hace algunas semanas compré un libro y, tal y como salí de la librería, me subí a un autobús. El trayecto iba a ser largo y el vehículo estaba rebosante de pasajeros. Me dirigí hacia los asientos del final, pues siempre hay alguno vacío, y me senté apretujada entre un chico joven con cara de ingeniero -cogí la línea 20, que los días laborables conduce hasta la Escuela de Ingeniería- y un hombrecillo menudo de aspecto arratonado. Sentada lejos de la ventana y con la bolsa de la librería colgando de la muñeca, me asaltó la urgente necesidad de curiosear mi nueva adquisición. Saqué el libro con tiento y lo abrí entre mis rodillas. Casi nadie advirtió la operación y sentí cierto alivio. No obstante, tras un rato inmersa en la lectura, me descubrí con el libro abierto de par en par a la altura de los ojos, mostrando sin pudor sus tapas. A lo que regresé al mundo de los vivos, me crucé con algún rostro que me ojeaba de soslayo.
Me quedé con la cara de un tipo maduro de facciones angulosas y bohemias que me miraba idiotizado. Su expresión no era especialmente agradable. Sus ojos de tarsero y el rictus oblicuo de sus labios me confesaban que le había decepcionado mi lectura. Ya al extraer el libro de la bolsa me había percatado de su atención, aunque ambos fingimos no estar al tanto desviando rápido las miradas. El hombre parecía entusiasmado con mi visión. No sé qué clase de libro esperaba encontrar entre mis manos. Quizá algún ejemplar de Harry Potter, alguna novela romanticona o algún reciente éxito nacional mil veces premiado y editado. A lo menos, un clásico imprescindible de lectura impuesta. En realidad estaba leyendo Los dinosaurios en el siglo XXI. Juraría que el individuo no tardó ni diez segundos en pasar de la admiración a la repulsa. Y el caso es que a mí no me resultaba tan pecaminoso. A nadie más pareció extrañarle. A nadie más pareció importarle. Sólo a ese fulano con cara de quijote afeitado y metrosexual que se bajó no sé bien en qué parada sin dejar ni rastro de su desdén.
Son experiencias de esta índole las que ahogan mi apetito de leer con tranquilidad en el transporte urbano.
Estimados blogueros: no leáis ensayos científicos sobre viejos reptiles cinematográficos en lugares públicos. Algún bibliófilo estricto os mirará mal.



tiene buena pinta.
Sí, está bastante bien, aunque sin conocimientos en el asunto es jodido de entender.
Besinhos.
mientras no hable de la viscosidad del centipoise...
Tendremos que hacer un manual de lectura en el transporte público.
Felicidades, escribes muy bien.
A mi me pasó algo parecido en el metro una vez; iba leyéndome el libro del gran Tanembau, con el no menos grande título de "REDES". Iba yo metida en mi lectura, y en mi música (me encanta leer y escuchar música a la vez) y el chaval, que tendría más o menos mi edad, se me quedó mi mirando. Yo iba vestida normal (soy bastante discreta), con mi maleta en una mano, el portátil colgado y mi bolsito de Adolfo Dominguez (es más mono...) en la otra, y con el tocho de libro entre las dos.
Sólo tenía que hacer una parada en ese metro (es el transbordo :S) y cuando salí le sonreí y se quedó ahí, pánfilo, mirándome mientras la puerta se cerraba.
Curioso, verdad?? A lo mejor no te pasó a tí por el mismo motivo...no sé si es que pensarán que las chicas normales leemos algo más que Cosmopolitan, Vogue, o, incluso (como es mi caso) el Muy o Quo.
Ahora que lo pienso...me parece triste.
Me ha encantado ;)
Besets!!
jejeje. Leer en movimiento me marea, así que no tengo el problema de leer en el bus, metro, etc. En casita mejor.
¿Por qué los ingenieros son, casi todos, fáciles de identificar? Bueno yo soy casi ingeniero, pero aun cuando tenga el título, nunca lo seré porque no lo llevo dentro. Lo mio es otra cosa. Y por eso mi aspecto no es de ingenieritodeloscojones (gracias a Dios), o eso creo.
Laluzenmi, eso suena a mecánica de fluidos que tira para atrás. Vais Vais... (a la mec. de fluidos se lo digo)
Laluz, no habla de centipoises -gracias a Dios-, pero dice cosas como "los dinosaurios son tetrápodos amniotas reptiles diápsidos arcosaurios ornitodiros no pterosaurios", que también deja un regustillo extraño en el paladar, XD, o "Theropoda incluye a todos los dinosaurios más cercanamente emparentados con Passer domesticus (gorrión) que con Cetiosaurus oxoniensis (saurópodo)", frase algo inquietante para mí, XD. Y el capítulo en el que habla de la osificación endocondral y del hueso haversiano ya es para cortarse las venas con un folio, XD.
Sera, es que me mareo si leo a gran velocidad, así que en viajes largos no puedo leer ni la cartelera del periódico porque seguidamente echo hasta la primera papilla, XD. Además, como en Zaragoza no hay metro tampoco puedo leer ahí, aunque seguro que me supondría experiencias muy enriquecedoras, XD. ¡Gracias! Hago lo que puedo, XD
María, lo que pasa es que a ese chico le gustaste, XD, qué rompecorazones estás hecha, al pobrecillo lo dejarías todo chafado al bajarte, XD. A mí es que este tipo me miraba con cara de mal bicho, XD.
José Manuel, ya ves, yo también me mareo, pero en trayectos urbanos no, menos mal. Aún así tampoco me gusta demasiado leer en movimiento, XD. Lo de la cara de ingeniero... Es verdad, casi todos los estudiantes de ingenierías que conozco son fácilmente reconocibles, es como si la carrera marcase en lo más profundo del ser, XD. Si a ti no se te nota, tienes una suerte... XD. Y sí, es mecánica de fluidos o algo parecido, ¡¡buadj!!
Besinhossss a todos.
Jajaja!! Me tenía que bajar! Si no me hubiese ido a la otra punta de Valencia! Ains!! Prefiero pensar en eso, por que si hubiese sido por lo otro...:S
Chica, en cuestión de amores una no puede abandonar en el metro al posible hombre de su vida sólo porque haya que bajarse ya XDDD, tenlo en cuenta por si vuelves a cruzártelo, ¿y si del metro al altar hubiera un corto pasito? XDDD.
Besinhos!
Entonces mejor ni hablamos de cuando te pones a leer un cómic manga en el transporte público, hay gente que te mira rarísimo (y más cuando te ven que pasas las hojas al revés, ya que es el sentido de lectura contrario) xDDD
Me ha gustado tu post, es la primera vez que paso por aqui, asi que encantado de conocer tu blog :)
Un abrazo!
Gracias Azulperfecto. Lo mismo digo, y encantada también de tu visita :)
La verdad es que leer manga no crea buen ambiente en el autobús, admitámoslo. Hay una serie de lecturas tabú que en sitios públicos debes evitar si no quieres ser visto como un extraterrestre en la urbe. A no ser que necesites hacerte hueco en el transporte XD. En ese caso conviene llevar cualquier cosa capaz de distanciar a la plebe, ya sea una "Biblia" roja con crucifijos invertidos en las tapas, un tratado sobre la tortura y otros métodos no ortodoxos para hacer cantar al cuco, un libro de hechizos de magia negra o, bueno, si no somos tan brutos, un cómic manga de esos de leer al revés puede servir XDD. O uno de Astérix, que, aunque no lo parezca, también crea mal royo si tienes más de 12 años XDDD.
Besinhos from Anita B.